Un sistema, dos entradas
La app y la web comparten usuarios, permisos y datos. No hay dos verdades que después alguien tenga que conciliar.
Desarrollamos aplicaciones móviles conectadas a la plataforma web: los mismos datos, los mismos usuarios y la misma operación, con el teléfono como una puerta más.
Una aplicación móvil añade un canal de distribución, cuentas de desarrollador, revisiones de tienda y un ciclo de actualizaciones propio. Todo eso se mantiene para siempre. Cuando el uso real es ocasional y desde el computador, una plataforma web bien hecha resuelve lo mismo sin arrastrar ese costo.
La app se justifica cuando hay uso frecuente desde el teléfono, cuando se necesitan notificaciones que lleguen de verdad, cuando el usuario trabaja fuera de la oficina o cuando la experiencia táctil es parte del producto. Si es tu caso, conviene hacerla bien: conectada al sistema, no en paralelo.
Plataforma interactiva de constelaciones familiares y flores de Bach que, además de la versión web, cuenta con aplicación nativa para Android y iPhone. El trabajo se puede hacer desde el celular y queda sincronizado con la plataforma: lo que ocurre en la app está en la web y al revés.
Es el patrón que recomendamos: un solo sistema, un solo conjunto de datos, varios puntos de entrada.
La app y la web comparten usuarios, permisos y datos. No hay dos verdades que después alguien tenga que conciliar.
La aplicación conversa con la plataforma a través de una interfaz diseñada para eso, no raspando la web.
Ver integraciones →Qué pasa cuando se pierde la señal, qué se guarda en el teléfono y cómo se resuelve un conflicto al volver.
Cuentas de desarrollador, fichas, capturas, políticas de privacidad y el ciclo de revisión de App Store y Google Play.
Las tiendas exigen declarar qué recoge la app. Conviene resolverlo durante el desarrollo.
Ver la guía de la Ley 21.719 →Una app publicada es un compromiso continuo: versiones de sistema operativo, cambios de política y mantenimiento.
Construir la operación en una plataforma web permite validar el proceso real con usuarios reales y a un costo menor. Cuando el uso móvil se vuelve frecuente, la app se levanta sobre ese sistema en vez de empezar de cero. Es más barato, más rápido y evita terminar con dos productos que no se hablan.
El caso publicado en el portafolio es Oráculo Bach Constelaciones, con aplicación nativa para Android y iPhone sincronizada con la plataforma web. Preferimos nombrar lo que se puede revisar antes que dar una cifra que nadie puede comprobar.
Menos veces de las que se cree. Si el uso es ocasional y desde el escritorio, una plataforma web responsive cumple mejor y cuesta menos de mantener. La app se justifica cuando hay uso frecuente desde el teléfono, necesidad de notificaciones o de trabajar sin conexión estable.
No. En los proyectos que hacemos la app es otra puerta al mismo sistema: los mismos datos, los mismos usuarios, la misma operación. Lo que se hace en el teléfono aparece en la web y al revés.
Sí, y conviene saber que la publicación tiene sus propios tiempos y requisitos: cuentas de desarrollador, revisión de las tiendas, políticas de privacidad y actualizaciones. Eso se planifica como parte del proyecto, no como un trámite final.
Las tiendas exigen declarar qué datos recoge la aplicación y para qué. Eso se cruza con la Ley 21.719 y conviene resolverlo durante el desarrollo, no cuando la tienda rechaza la publicación.
Es el camino que más recomendamos. Primero se valida la operación en una plataforma web, y cuando el uso móvil lo justifica se construye la app sobre el mismo sistema en vez de rehacerlo.
Cuéntanos cómo se usa hoy y evaluamos si conviene una app o una plataforma web responsive.
Cotizar proyecto